
Me es imposible no demostrar mi admiración hacia el colectivo Anonymous después de lo ocurrido ayer: el cierre de MegaUpload y sus filiales por parte del FBI. Esto se da justo después del blackout day, día en que millones de usuarios en todo Internet nos unimos en contra de la aprobación de las leyes SOPA y PIPA. Poco después Anonymous atacó los sitios del FBI, el Departamento de Justicia, la Motion Picture Association of America y la Recording Industry Association of America.
Todos sabemos que la piratería compartir información sin pagar los derechos a sus autores es un mal necesario en las naciones en vías de desarrollo, y sabemos que los titulares no se encuentran muy felices con este fenómeno. En mi opinión, los autores tienen derecho a recibir un beneficio económico por el uso de su obra (siempre que ellos manifiesten que esperan un beneficio económico directo, porque también existe el software libre y las licencias Creative Commons).
La mayor parte de las acciones legales para defender los derechos del autor, son realizadas por estos intermediarios, quienes en general se niegan a cambiar su modelo de negocio para ajustarse a la realidad que están viviendo. Dicen tener pérdidas multimillonarias debido a lo que ellos llaman “piratería”, pero curiosamente informan a sus accionistas que el negocio sigue creciendo año con año. Lo que ellos manifiestan como pérdida, no son más que estudios tendenciosos patrocinados por ellos mismos. Se creen que cada descarga realizada habría terminado en una compra de no existir quien distribuyera la copia. El caso es que estudios más realistas y recientes demuestran que quienes descargamos contenidos “ilegales” (sí, incluso yo, que suelo comprar juegos originales) no tenemos la capacidad económica para adquirir una licencia, por lo que una descarga no es sinónimo de pérdida económica. Sería engañarnos el decir que todos cumplimos con la ley. Lo que comienza por piratear un sistema operativo, continúa con otro tipo de software que, de comprarlo original, nos habría costado un dineral que no tenemos. Las personas que estudiamos diseño lo vivimos en algún momento de nuestras vidas. No es posible comprar licencias educativas a precio de primer mundo en una país en el que se ofrecen $6,000 pesos de sueldo al novato (y eso, si bien le va).
Creo que las empresas tienen que ajustarse a los mercados, y no obligar a los clientes a seguir sus propias reglas. Por ejemplo, hace diez años uno iba a MixUp para encontrarse que los discos de reciente salida al mercado costaban unos $250 pesos o más. Ahora vas y es exactamente lo mismo. Y esto sin tomar en cuenta que están viviendo en la era digital, donde las descargas son lo de hoy. ¿Quién va a comprar un disco de $250 pesos cuando pueden conseguir cada canción por $1 USD en iTunes? En otras palabras, si sólo quieres tocino ¿porqué tendrías que comprar todo el cerdo?
Con la industria cinematográfica es más o menos lo mismo. Casi siempre suelen recaudar más de lo que invirtieron para realizar cada obra sólo con la exhibición en salas. ¿Pero que pasa? Que no les es suficiente y deciden sacar el DVD o el disco Blu-ray, además del original soundtrack y mucha parafernalia relativa a cada estreno. Pero después hablan de grandes pérdidas por la copia ilegal de la obra, cuando en realidad no están perdiendo nada. Digo, se puede perder lo que se tiene pero no aquéllo que no se ha tenido.
Estas empresas son conscientes de que generan el deseo de adquisición incluso entre quienes no pueden comprar, pero no dan opción alguna para que la copia privada les signifique un negocio. Prefieren quedarse en el modelo económico que eligieron hace décadas, quejarse de pérdidas millonarias y pagar millones de dólares para pelear por los derechos de copyright. Esta es la realidad que yo y muchísimos otros usuarios en Internet no podemos comprender. Son ellos mismos quienes favorecen a los criminales que venden copias (estos sí, piratas en toda la extensión de la palabra). Por fortuna en nuestro país la copia privada es completamente legal, y al día de hoy se ha conseguido que se retiren las iniciativas SOPA y PIPA. Pero esto no es todo ni ha sido el final de esta historia… Debemos estar alertas, porque ahora el FBI posee los servidores de MegaUpload, en los que no sólo se encuentran los archivos que se han subido, sino los datos de nuestras cuentas y las estadísticas de uso de las mismas, tanto de qué hemos subido como de qué hemos bajado. Para el FBI todos nosotros somos criminales.
Claro, podrías decir que esto no nos afecta mientras nunca pisemos suelo estadounidense. ¿Seguro? Yo creo que sí nos afecta. Richard O’Dwyer, un estudiante británico, enfrenta un proceso de extradición a los EEUU por crear un sitio que ligaba a material que infringía el derecho de copyright (series y películas). Este joven estudiante jamás ha pisado territorio estadounidense, y muy a pesar de que ligar a este tipo de material no es un delito en Reino Unido, un juez británico ha decidido que es extraditable. Por el simple hecho de crear hipervínculos, puede recibir una sentencia de hasta cinco años de cárcel. Hay que mencionar que EEUU no tiene jurisdicción en Reino Unido, y sin embargo, esto está pasando justo ahora. Así que como dijera un dicho “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.



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